Durante los últimos 20 años, las emisiones globales de CO2 no han dejado de crecer. A principios de siglo, estas eran de aproximadamente 23.500 millones de toneladas métricas, pero en 2019 ya habían alcanzado un récord de 37.000 millones. Ahora bien, en 2020 hubo una reducción de unos 2.000 millones de toneladas a consecuencia del parón de la actividad industrial durante meses por la pandemia de COVID-19. La única otra ocasión durante este período en que las emisiones se redujeron fue en 2009, debido a la recesión económica mundial.
Lo atípico de esta disminución queda demostrado no solo con el constante incremento que se retomó en 2021, sino también con las previsiones para 2023, que apuntan a un ligero aumento de las emisiones con respecto a 2022 y de alrededor de 2.500 millones de toneladas si se comparan con las de 2020.
En la actualidad, el volumen global de emisiones de CO2 en la atmósfera terrestre se cifra en aproximadamente 37 Gton de CO2 por año (37 billones de ton CO2).
La ciencia ha demostrado claramente que a fin de evitar los peores efectos del cambio climático y para conservar un planeta habitable, el aumento global de la temperatura necesita limitarse a no más de 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales.
En la actualidad, la Tierra ya tiene un calentamiento superior al 1,1 °C en comparación a finales del siglo XIX, y las emisiones continúan yendo al alza. Para mantener el calentamiento global por debajo de 1,5 °C, tal como se exige en el Acuerdo de París, es necesario que las emisiones se reduzcan alrededor del 45 % para 2030 y que se alcance el cero neto hacia 2050.

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